Ubicación: Norte de Gran Bretaña.
Superficie: 78.133 km².
Área: 78.782 Km2.
Población: 5.119.200 habitantes (1999).
Capital: Edimburgo (453.400 hab.)
Idioma: inglés y escocés.
Religión: Mayoritariamente Presbiteriana de Escocia.
Forma de Estado: Monarquía Constitucional.
Geografía: Escocia está formada por dos regiones: una región de tierras bajas, en el sur, con praderas y paisaje rural en la cual se concentra la mayoría de la población y una región de tierras altas (Highlands) en el norte, dominada por las Montañas Grampian y el pico Ben Nevis (1.344 metros) que es el más alto de las Islas Británicas. Escocia cuenta además con un litoral espectacular. El territorio tiene lagos inmensos (especialmente en la parte norte y occidental). En la zona oeste hay varias islas, entre las cuales se encuentran la isla de Skye y la de Lewis y que forman parte de las llamadas Islas Hebridas. En la zona más septentrional de Escocia se encuentran las islas Orkney y Shetland.
Sistema Político: Como resultado de las elecciones de mayo de 1999, Escocia tiene un parlamento por primera vez en 300 años. El parlamento goza de una relativa autonomía.
Escocia (en inglés, Scotland; en gaélico escocés, Alba; en idioma escocés, Scotland) es el más septentrional de los cuatro países constituyentes del Reino Unido. Junto con Inglaterra y Gales, forma parte de la isla de Gran Bretaña, abarcando un tercio de su superficie total; además consta de más de 790 islas. Limita al norte y oeste con el océano Atlántico; al este con el mar del Norte, al sur con Inglaterra y al suroeste con el Canal del Norte y el mar de Irlanda. El territorio escocés abarca 78.772 km2, y su población se estima en 5.116.900 habitantes, lo que da una densidad de población de 65 habitantes por km2. La capital es Edimburgo, siendo Glasgow la ciudad más grande y cuya área metropolitana agrupa de un 20% del total de la población escocesa.
El Reino de Escocia fue un estado independiente hasta 1707, fecha en la que se firmó el Acta de Unión con Inglaterra, para crear el Reino Unido de Gran Bretaña. La unión no supuso alteración del sistema legal propio de Escocia, que desde entonces ha sido distinto del de Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte, por lo que es considerada en el derecho internacional como una entidad jurídica distinta. La pervivencia de unas leyes propias, y de un sistema educativo y religioso diferenciado forman parte de la cultura escocesa y de su desarrollo a lo largo de los siglos.
Surgido en el siglo XIX, el independentismo escocés ha ganado influencia desde finales del siglo XX; representado por el Scottish National Party (SNP, Partido Nacional de Escocia), que aboga por la independencia de Escocia, obtuvo la mayoría simple en el Parlamento escocés en las elecciones de marzo de 2007.
Origen etimológico
La Crónica anglosajona del siglo X es el documento más antiguo en el que aparece el término Scotland, formado a partir del término latino Scoti, de origen dudoso, empleado como una referencia a los habitantes de Hibernia (la actual Irlanda). La palabra Scotia, aparecida en el latín vulgar, se empleó sólo para referirse a la zona de Escocia en la que se hablaba gaélico; además, este término alternaba con Albania, procedente del término gaélico para Escocia, Alba. El empleo del término Scotland para referirse a todo el territorio escocés sólo se generalizó en la baja Edad Media. En los tiempos modernos el término Scot se aplica a todos los habitantes de Escocia, independientemente de su origen étnico, ya que la identidad escocesa es primordialmente cívica y no étnica o lingüística. El término scot también se emplea para referirse al idioma escocés, hablado en algunas zonas de los Lowlands o Tierras Bajas Escocesas.
Antigüedad
Las primeras referencias escritas que existen de la que sería posteriormente denominada Escocia se deben a los romanos. Éstos penetran en la isla de Gran Bretaña en el siglo I de nuestra era e intentan dominarla sin conseguirlo totalmente. Las referencias romanas hablan del pueblo de los pictos (Tácito), ubicado en la parte septentrional de la isla, con los que entra en conflicto Roma sin que logre reducirlos.
No obstante su resistencia a la conquista militar, los pictos no lograron sustraerse a los influjos de la romanización. Con Roma llegó otro significativo elemento, el cristianismo, que jugaría a partir del siglo III un papel determinante en la formación de la futura identidad escocesa.
Durante el siglo IV se suceden migraciones que se plasmarán en el asentamiento de nuevos pueblos: los escotos en la parte occidental y los anglos en la sudoriental. Este panorama se completa con la incorporación de los celtas britanos.
Edad media
En 563 el cristianismo que había estado presente desde el siglo III se consolida bajo la acción misionera del monje Columba (San Columbano), quien procedente de Irlanda, funda un monasterio en la isla de Iona en el archipiélago de las Hébridas.
Iona se convirtió en un importante centro de influjo monacal que trascendió las fronteras de Escocia. De esta labor misionera ha subsistido una magnífica pieza manuscrita, el Libro de Kells, conservado hoy día en Dublín.
A mediados del siglo IX los pictos y escotos entran en un proceso de mutua asimilación y se funden bajo un mismo poder político encarnado en la persona del rey Kenneth I. Con ello nace por vez primera una entidad estatal unificada identificada con Escocia, nombre por otra parte, recibido del pueblo de los escotos.
La estructura del nuevo Estado, al que más tarde se unirían los britanos, estuvo fijada por su carácter tribal; la influencia de la Iglesia (organizada en monasterios) jugó un importante papel en su consolidación. La lengua utilizada era gaélico.
Durante el siglo IX se suceden diversas oleadas de invasores procedentes de Escandinavia, los vikingos, que se apoderan prácticamente de los tres archipiélagos escoceses (Hébridas, Órcadas y Shetlands), a los que colonizan de manera estable durante varios siglos.
A partir del siglo XI se inicia un proceso que a la larga se haría imparable: la creciente influencia de sus vecinos del sur, los ingleses, que cambiaría las estructuras del estado y de la organización eclesiástica, a la que se encontraba muy ligado. David I sustituye la organización de carácter tribal en clanes por una nueva estructura de carácter feudal, siguiendo el modelo anglo normando. Se irá formando una aristocracia cuyo poder se fundamenta en la propiedad de la tierra y se organiza en feudos sobre los que ejercerá una casi absoluta autoridad. Sólo las tierras del norte, las highlands seguirán manteniendo en cierta medida el antiguo sistema de clanes.
Conforme se consolidaba el sistema feudal, las influencias inglesas se intensifican hasta convertirse en auténticas ingerencias. Sólo faltaba una circunstancia conveniente para que el reino sureño de Inglaterra se anexionase al de Escocia. Y esta sucedió durante el reinado del rey de Inglaterra Eduardo I, quien tras tratar de gobernar en principio de forma indirecta sobre Escocia a través de un rey vasallo (Juan de Baliol), en 1296 conquistó y se anexionó la mayor parte del territorio, si bien no lo consiguó controlar del todo.
La oposición a los ingleses fue organizada por el William Wallace, quien durante seis años de lucha ocasionó constantes descalabros a los ejércitos ingleses, hasta que fue capturado y ejecutado.
Robert the Bruce, años más tarde, en 1314, durante el reinado de Eduardo II de Inglaterra, consiguió una victoria decisiva en Bannockburn sobre los ingleses, cerca de Stirling, de la que se derivó la definitiva expulsión de los ingleses, que no obstante, siguieron intentando en años posteriores invadir Escocia.
Escocia a fin de protegerse de su poderoso vecino del sur se convirtió en lo sucesivo en aliada de Francia. Así sucedió durante la Guerra de los Cien Años, conflicto de carácter internacional que mantuvieron Inglaterra y Francia durante la Baja Edad Media (1337-1453).
Buena parte de la historia de Escocia ha estado marcada por una de sus dinastías, la de los Estuardo, iniciada en 1371, cuyo miembro más conocido fuera incluso de los ámbitos académicos es la reina María (1542-1587). En los siglos bajomedievales, al igual que aconteció en otros estados, los intentos de las monarquías autoritarias por supeditar la nobleza (Ej., Reyes Católicos España) marcaron la historia política del país, que permaneció en el punto de mira de Inglaterra.
Edad moderna
En 1513 el rey Jacobo IV sufrió en la batalla de Flodden una derrota frente a los ingleses que reanimó las expectativas de Inglaterra de anexionarse Escocia. En adelante ésta emplearía todas sus fuerzas para conseguir tal fin.
La crisis religiosa que se abrió a partir de 1525 presentaría una magnífica ocasión para dividir a los escoceses. El predicador John Knox (1513-1572) crea en 1555 la Iglesia Presbiteriana de Escocia, de carácter reformista (al estilo de la de Lutero) que fue apoyada por significados miembros de la aristocracia escocesa (los Lores de la Congregación) quienes apoyados por Inglaterra se opusieron a la reina María y a la Iglesia Católica, a la que un importante sector de escoceses consideraban corrupta.
En 1560 el Parlamento de Edimburgo declaraba el presbiterianismo como religión oficial del Estado y la reina hubo de huir del país para refugiarse en la corte de su prima, la reina de Inglaterra Isabel I.
Allí permaneció prisionera hasta que en 1587 fue ejecutada por orden de la monarca inglesa acusada de traición. Los católicos fueron perseguidos y las disputas de carácter religioso se prolongaron durante más de un siglo. Escocia había caído dentro de la órbita de Inglaterra.
A María I Estuardo le sucedió en el trono escocés (1567), tras un período de regencia, su hijo Jacobo VI. Al morir sin descendencia Isabel I de Inglaterra, éste la sucedió en el trono inglés con el nombre de Jacobo I, con lo que las coronas de Escocia e Inglaterra permanecieron en manos de un mismo rey, si bien conservando sus instituciones y gobierno separadas. El nuevo rey de Inglaterra se trasladó a la corte de Londres ejerciendo desde allí el gobierno sobre los dos reinos.
A la muerte de Jacobo I de Inglaterra (VI de Escocia) en 1625, le sucede en el trono su hijo Carlos I. Tras un período de guerra civil entre el rey, partidario del absolutismo y el los parlamentarios ingleses, el conflicto terminó con la derrota y posterior ejecución de Carlos (1649).
Se implantó una república de signo puritano dirigida por Oliver Cromwell que duraría hasta 1660, año en que se reinstauró la monarquía en la persona de Carlos II, hijo del monarca ajusticiado.
Durante el período de Carlos I y la República las tensiones entre escoceses e ingleses continuaron. En 1651 Cromwell había unido Escocia al imperio británico, es decir, entre otras cosas ello suponía el acceso de los escoceses al comercio en todos los territorios de Inglaterra. Sin embargo, el Acta de unión de las dos países no llegaría hasta 1707.
En 1660 es reinstaurada la monarquía. Carlos II mantuvo la estabilidad política durante su reinado; a su muerte, acaecida en 1685, le sucedió su hermano que reinó con el nombre de Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. Este rey, católico, tuvo constantes roces con el parlamento inglés por su religión y su gobierno absolutista, hasta que fue depuesto en 1688 tras una revolución (La Gloriosa), siendo sustituido en el trono por su yerno Guillermo III y su hija María, ésta de religión protestante.
Jacobo II huyó a Francia e intentó reiteradas veces volver al trono, con el apoyo de los irlandeses (bajo dominio inglés) y de una sustancial parte de los escoceses, dando lugar a lo que se denominó movimiento jacobita (1715-1745).
Los jacobitas eran partidarios de la restauración en el trono escocés e inglés de los Estuardo. El fracaso de tales pretensiones culminó en 1746 con la derrota del nieto de Jacobo II, Bonni Prince Charlie (Carlos Eduardo Estuardo) en la batalla de Culloden.
Las repercusiones de esta derrota afectaron a los modos de vida de los escoceses quienes, sufrieron una fuerte represión. Además se les impuso una serie de prohibiciones, tales como tocar la gaita o llevar determinadas prendas de vestir tradicionales.
Las highlands que habían apoyado al príncipe Bonni comenzaron a despoblarse y se inició un flujo migratorio hacia el incipiente núcleo industrial de Glasgow y Estados Unidos. Muchos fueron expulsados de sus tierras y éstas convertidas en pastos para la ganadería de los grandes propietarios. En suma, la región se convirtió en u área deprimida.
Para entonces en Inglaterra reinaba una nueva dinastía, la de los Hannover (de origen alemán) y se había consumado en 1707 el Acta de Unión entre los dos reinos, que junto con Irlanda y Gales constituiría el Reino Unido de Gran Bretaña. El parlamento escocés quedó disuelto y Escocia solo conservó algo de autonomía en materia religiosa y judicial. Había sido asimilada completamente por su vecino del sur tras siglos de lucha por mantener la independencia.
Edad contemporánea
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII Escocia entra de lleno en el circuito económico inglés. La extensión del imperio británico benefició a determinados sectores de la burguesía escocesa, pero en general, Escocia quedó relegada a un segundo plano frente a los más dinámicos ingleses. La Primera Revolución Industrial estaba en marcha, pero el país siguió anclado en la economía preindustrial. Solo la zona en torno a la ciudad de Glasgow iniciaron un tímido despegue, pero la verdadera eclosión económica no se produjo hasta bien entrado el siglo XX.
Finalizada la II Guerra Mundial Escocia entró de lleno en la industrialización y el dinamismo económico. Se construyeron centrales hidroeléctricas, se puso en marcha la minería del carbón y se erigieron factorías (altos hornos, acerías, etc), fundamentalmente, en el entorno de Glasgow (astilleros en el estuario del río Clyde).
En 1971 se inició la explotación de importantes yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte. Las highlands, sin embargo, permanecieron ajenas a estas transformaciones, con una baja actividad industrial y una escasa densidad demográfica que sin duda influyó en la preservación de sus espacios naturales y en la proyección de su economía hacia el turismo.
Las reivindicaciones nacionalistas no desaparecieron con la batalla de Culloden. Renacieron en el siglo XX; en 1934 se creó el Partido Nacional Escocés (SNP), de carácter independentista, que obtuvo 23 escaños en 1966 y cuyo caballo de batalla, además de la independencia de Escocia, fue la aspiración a una mayor participación de ésta en la explotación de los recursos del mar del Norte.
La polémica en torno a la independencia de Escocia obligó al gobierno británico del laborista Tony Blair a presentar un proyecto de autonomía para Escocia ante la Cámara de los Comunes, aprobado en referéndum por amplia mayoría. En 1999 se creó el Parlamento de Edimburgo como instrumento de autogobierno escocés, con importantes competencias en materia educativa, municipal, de salud, economía, etc.
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